Stop zoos


No voy a ser yo quien por mi mejor o peor comportamiento y conciencia vaya a salvar o dejar de salvar al mundo. Aunque parece obvio, esta conclusión no es fácil de alcanzar para los que alguna vez pensamos que era importante aportar valor individualmente para lograr un mundo mejor. El mundo nunca va a ser mejor. Se sentirá mejor o peor dependiendo del lado en el que se caiga. La humanidad es la plaga más destructiva del planeta, incluso para su propia especie, y eso no tiene solución. Y mira que soy optimista como persona, pero pesimista en cuanto a la historia humana (como ya dijo uno mucho más listo y mejor observador que yo).

A pesar de todo, hay cosas que parecen evitables o cuanto menos mejorables a corto plazo, aunque sea a golpe de legislación, la única solución cuando falta educación y por tanto criterio. Me refiero a la explotación de animales con el único fin del entretenimiento humano. Por supuesto que el tema de moda en esta categoría son las corridas de toros, pero se habla menos de los zoológicos. A esto último es a lo que voy, tras haber visto los vídeos y leído los informes de Igualdad Animal en Vidasenjauladas.org. Cuando les deis un repaso, ojo con los del Zoo de Sevilla si sois sensibles a la tortura, aunque paradójicamente acaba uno por querer torturar al gerente del zoo, ese tío raruno que aparece en las imágenes. De momento os dejo el trailer de la investigación:

Como socia del Zoo de Barcelona y asidua visitante he de decir que no me resulta fácil apaciguar mi conciencia e imponerle las prioridades necesarias, máxime cuando las mías proceden de puras frustraciones de la infancia que intento satisfacer como adulto. Esgrimir la excusa de que los zoológicos son centros educativos que mantienen programas de conservación de la fauna no parece motivo suficiente para olvidar el estado de los animales que se exhiben y las condiciones en que se encuentran. Es más, no es suficiente en absoluto para justificar el encarcelamiento de especies que no participan en dichos programas y que, de cara a una educación saludable y basada en el respeto, sería mejor que los niños no contemplaran en jaulas diminutas, llenos de sarna, heridas o rodeados de basura. Al final, lo que ocurre es que los zoos son un puro negocio que reduce costes para aumentar su beneficio, como cualquier otro de nuestra época, un mal contemporáneo derivado del capitalismo sin valores. No por ello menos condenable.

Siempre he dicho que preferiría que no hubiera zoos a que los haya, pero, dado que están, mi alternativa es contribuir al cuidado de los animales y por eso soy socia. Por eso y porque me encanta observar a los animales de cerca. Sin embargo, después de ver el reportaje y los vídeos de los zoos españoles me pregunto qué debo hacer, si optar por el corto plazo y seguir siendo socia para contribuir a la mejora de sus condiciones (que al menos en Barcelona se ven, poco a poco, pero se ven), o decidirme por una protesta radical que será poco fructífera hasta que no se desarrolle una legislación que prohíba estos lugares.

Pensando me quedo, aunque supongo que como persona de mi tiempo optaré por el corto plazo. A la vez estaré al loro de cualquier iniciativa que se promueva para el cierre de los zoos, y la apoyaré. ¿Incoherente? pues no estoy segura, la verdad. También me quedo pensando que nunca se me hubiera ocurrido calificar de vejación una exhibición de delfines pero, ¿y qué es mas que explotación animal para divertimento humano? ¿con qué excusa educativa mínimamente aceptable? Ahora mismo no soy capaz de encontrarle ninguna.

La última vez que fuimos al Zoo de Barcelona tomamos esta foto. Se nos cayó el alma a cachos cuando la vimos bien en casa. Si la miráis a los ojos, lo dice todo…

Mono con mirada muy triste en el zoo de Barcelona

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Actitud cobaya


Que los seres humanos somos animales es una cosa clara y asumida. Pero asumida solo de palabra, porque en realidad pocas veces somos conscientes de cuánto nos parecemos al resto de especies. Es ese estúpido homocentrismo que tenemos.

Observando a los cobayas, sin ir más lejos, es posible ver la misma esencia en nuestras propias actitudes.

El cobaya es un ser asustadizo, gregario, que se siente más seguro en manada y puede llegar a deprimirse estando solo. Sin embargo hay algunos que viven aislados del resto de su especie, y no parece importarles mientras tengan todas las comodidades. Son pocos (y en realidad no sabemos cómo están de la cabeza…).

Los cobayas son más simpáticos con quien les da lo que necesitan. Por ejemplo, cada mañana yo me levanto primero y voy a verlos, pero no me hacen ni caso. Sin embargo, en cuanto Patryk arrastra los pies por el pasillo ya se ponen a dar grititos como locos. Saben que es él quien les da de comer por las mañanas. A mí, a esas horas, ¡ni un triste cui-cui!

A los cobayas los paraliza el miedo. Ante una situación desconcertante se quedan inmóviles, no reaccionan, ni se mueven ni tratan de cambiarla. No se dan cuenta de que echar a correr es, a veces, mucho más útil. Eso sí, con el tiempo lo aprenden.

Y luego tenemos unas cuantas fotos que ilustran muy bien otras actitudes cobaya que también son más que humanas:

1. El cobaya se siente cómodo cuando quien lo sujeta mantiene todas sus patitas en contacto con la tierra. Digamos que tiene miedo a volar, o a caer, o a que lo suelten.

Cobaya abisinio tricolor

2. El cobaya se relaja cuando sabe que puede contar con un agujero donde meterse. Sólo sacará los bigotes fuera por si se pierde algo interesante y, quién sabe, debe volver a valorar si se queda dentro o sale.

cobaya en su casita de heno3. El cobaya es capaz de escalar lo que sea, ponerse a dos patas y competir ferozmente con sus propios compañeros por un brote verde que en realidad no necesita.

Dos cobayitas comiendo cilantro

4. El cobaya puede pasar, en un instante, de estar muy tranquilo mascando sus cosas a erizarse y protegerse ante la menor amenaza. Casi siempre figurada.

cobaya comiendo perejilcobaya comiendo con mala leche

5. El cobaya sabe que hay cosas muy difíciles de alcanzar, casi imposibles, y aún así no pierde la fe y desgasta su energía por un sueño. Mira hacia lo alto y se pregunta “¿por qué es tan difícil conseguir lo que quiero?” Pero sigue apuntando con el morro a su objetivo.

cobaya intentando alcanzar una rama de perejil

Ya veis, no es tan complicado entender a un cobaya.