La máquina de alimentar


Me da un poco de vergüenza confesar esto, pero sí, admito que hemos comprado por internet una máquina de alimentar mascotas. Hasta aquí todo parece normal, a no ser que os diga que la máquina es enorme de grande, para perros, cuando resulta que lo nuestro son los cobayas. Bueno, pues resulta que funciona. Y hasta mejor de lo que pensábamos…

máquina automática para alimentar mascotas

Y es que continuamente se nos repite la misma situación. Tenemos que dejar a los cobayas solos en casa durante dos o tres días porque nos vamos de viaje. Aunque ya os explicamos en otro post cómo lo hacemos para que no suponga un problema, Patryk no pudo resistirse a ir un paso más allá probando una máquina automática que les dé de comer cuando no estamos.

La máquina que encargó en Amazon UK, de la marca Andrew James (por si os interesa), se programa para que una o varias veces al día suelte una ración de comida, siempre a las mismas horas. El tamaño de la ración que dispensa también se puede elegir, y hasta es posible grabar unas palabras de aliento para que la mascota no se sienta demasiado sola durante los días que uno está ausente del hogar. El aparato mismo se encarga de repetir nuestro mensaje nada menos que tres veces al final de cada actuación. Pues sí, el cacharrito es todo un show…

Nosotros la programamos para que les diera una ración de pienso una vez al día, a las 7 de la tarde, que es más o menos la hora a la que se la damos normalmente. No conseguimos que la cantidad fuera suficientemente pequeña, pero bueno, considerando que iban a estar solos unos días mejor que sobrase que no que faltase. Ah! y la grabación consistió en unos chasquidos, el sonido con el que los llamamos a comer (que no es que haga falta llamarlos, pero a nosotros nos hace gracia…jajaja).

Aquí tenéis a Patryk, muy concentrado programando la máquina de alimentar:

Patryk estudiando las instrucciones de la máquina de alimentar Andrew James

Como veis, el problema es que Patryk se fijó más en las prestaciones que en las medidas de la máquina y cuando nos llegó a casa vimos que aquello era un monstruo de grande. Como para alimentar durante varios días a un elefante pequeño… De hecho es que ya pone bien claro que puede contener hasta 90 raciones para perro o gato, nada más y nada menos.

Suerte que nuestros cobayas viven en un recinto que da de sí para meter el artefacto. Así pues, y como siempre, antes de partir les dejamos bien de heno, bien de zanahorias y otras verduras, dos bebederos llenos de agua y… la máquina de alimentar programada para que no echasen de menos su ración de pienso de la tarde.

Máquina automática de alimentar mascotas, en su uso para cobayas

Y bueno, para los más curiosos, para aquellos que os estéis preguntando cómo suena y cómo chirría el artefacto de alimentar y cuál es la reacción de los cobayas a este invento, también tenemos un breve vídeo. Veréis que Ogórki se asoma cuando empieza a hacer ruido, pero no se decide… ¡hasta que no termina el último de los chasquidos!

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Viajar con cobayas IV: ¡Ahora en coche!


Nos resistíamos, pero finalmente nos hemos comprado un coche con el afán de hacer de domingueros de manera asidua. Esto también significa que los viajes con cobayas ya no los haremos en tren, de lo cual nos alegramos porque el precio del billete para mascotas nos parecía un robo de Renfe.

Pues ya nos hemos estrenado con el primero de nuestros viajes con cobayas en el coche, y lo acabamos de hacer para las vacaciones de Navidad. No sólo ha ido la cosa de roedores, sino que además llevábamos a una amiga con su gato. Vamos, que más que un viaje ha sido un mini-safari doméstico 😛

Viaje en coche: tres humanos, dos cobayas y un gato

Dónde poner a los cobayas en el coche

Si como nosotros tenéis que viajar con vuestros roedores, seguramente estéis tentados de colocarlos en el asiento de atrás con su jaula habitual, algo no muy recomendable. Es mejor seguir usando un transportín ya que al tener menos espacio no corren el riesgo de salir disparados y golpearse contra algo en el caso de que deis un frenazo. Van más seguros aunque parezca que viajan apretujados.

Nosotros decidimos además llevar el transportín delante, entre las piernas del copiloto por dos razones: 1. de nuevo, en esta posición el transportín no se mueve en el caso de tener que hacer algún movimiento brusco. 2. con las piernas pegadas a la caja podía sentir si se peleaban, porque no las tenía todas conmigo dado el poco espacio que tenían mis dos bestias para compartir.

Por cierto, se me olvidaba deciros que si los lleváis aquí delante tengáis mucho cuidado con el aire de la calefacción que apunta a los pies. Si no, pues tendréis helado de cobaya o cobaya al gratén, según toque la estación. Si viajáis solos también podéis ponerlos atrás, pero en el suelo, para que la caja quede sujeta entre los asientos.

No sé yo si es muy aconsejable o no, pero reconozco que llevé un buen rato el transportín sobre las piernas para ir acariciando a mis Chucky y Ogórki, que como siempre iban un poco nerviosos debido a las circunstancias. Incluso los saqué un ratito de la caja… Digo que seguramente no es aconsejable porque si pasa cualquier cosa en ese momento el cobaya está desprotegido y se puede golpear, caerse, … en fin, que tiene las de perder. Claro que en tantas horas de viaje sacarlos y toquitearlos es demasiado tentador como para no hacerlo.

Preparativos para llevar a los cobayas en coche

Como ya os contamos cuando nos llevamos a los peludos en el tren, es importante que pongáis absorbente dentro del transportín. Valen unos papeles de cocina, por ejemplo. Si no, pues seguramente los sacaréis mojaditos al final del viaje porque no creo que se aguanten el pis durante las horas que dure…

Dos cobayas en un transportín

Esta vez los hemos tenido en el transportín más o menos 5 horas y han ido perfectamente. Además del papel de cocina, les pusimos un puñadito de comida seca y otro de heno. Sabemos que son demasiado tragones como para pasar de las viandas siquiera unas horas.

En cuanto al agua, para 4 ó 5 horas no les hace falta a no ser que haga mucho calor. En ese caso es mejor que intentéis que beban un poco.

¿Se llevaron bien el gato y los cobayas?

Yo creo que ni se enteraron de su existencia los unos del otro y viceversa, excepto al final, cuando decidimos presentarle al gato a uno de mis cobayas.. ¡y ninguno puso mala cara! Claro que durante las presentaciones no sacamos al gato de su caja para no correr riesgos tontos :S

Marta con su gato en el transportín

Marta iba en la parte de atrás del coche con su gato Luna, también en su transportín. Por cierto, Marta pone en el transportín de Luna un pedazo de pañal como absorbente, “por si acaso” y, como dice ella, “por si la lía” 😀 Es un pañal del tipo que se usa para adultos con incontinencia y también va bien para el transportín del gato. Seguramente sea más práctico que el que venden para cachorros, que apenas absorbe nada.

Otras fotos del viaje-safari

Nuestro viaje Barcelona-Calahorra fue muy tranquilo. Ogórki hasta estuvo tomando unos rayos de sol invernales la mar de a gusto y a Chucky conseguí ponerlo panza arriba por primera vez en su vida 😀

Os dejo unas fotillos variadas como resumen del safari:

Otros artículos sobre viajar con cobayas:

Viajar con cobayas III: Alojamiento en vacaciones

Viajar con cobayas II: ¡En el tren!

Viajar con cobayas I: Preparando el viaje

Si los cobayas no muerden lo mío es que debe de ser un tigre enano


Hartos estamos de leer en todas partes que los cobayas no muerden. Si acaso se les escapa una dentellada será porque habrán confundido tu dedo con una apetitosa endibia o bien algo muy grave les habrás hecho (sí, tú, torturador de inofensivos cobayas, encima siéntete miserable si el tuyo te ha mordido…). Pues por nuestra parte os decimos que lo desmentimos y que para nosotros se queda como un falso mito sobre los cobayas.

Al menos es falso si hablamos de nuestro Chucky, el rey del mordisco con premeditación y alevosía. Ogórki, sin embargo, parece un bendito y las mata callando. Como siempre nada tienen que ver el uno con el otro… menudo par de hermanos.

La fijación oral de Ogórki

En la siguiente foto Ogórki está a punto de lamerme la yema del dedo. Tal y como cuentan los eruditos de los cobayas este sería un comportamiento del todo normal. Olisquear, tocar con los dientes (sin apretar), lamer… es lo que hace Ogórki, a quien además le encanta chuperretear el suelo de plástico de la jaula cuando acabamos de limpiarla. Sobre esto último no nos ha ilustrado ninguna lectura ni tenemos explicación. Ya hemos descartado que sea adicto al detergente, pues justo esa parte sólo la limpiamos con agua.

cobaya lamiendo un dedo

A veces también lo he sentido lamiéndome una rodilla con auténtica fruición. Ni que fuera una bola gigante de helado de vainilla… No sé, como ha sido este verano, digo yo que la cremita que llevaba tendría buen sabor.

El caso es que Ogórki ha desarrollado con el tiempo una especie de fijación oral. Morder muerde muy raramente y si lo hace nunca aprieta, pero chupar… ¡cómo le gusta al bandido!

Chucky, el cobaya asalvajado

Esta situación me recuerda a esa típica conversación de patio de vecinas sobre los hermanos del 5ºB, los hijos de “la Chari” o la mismísima familia Martínez-Bordiu: “Fíjate, los dos hijos igual de bien criados, las mismas atenciones, la misma educación de pago y hasta los mismos amigos… y va, y el mayor le sale drogadicto”. Bueno, que nuestro Chucky no es que sea drogadicto pero muerde como un condenado a diferencia y gran distancia de su hermano Ogórki.

morro de cobaya abisinio blanco y negro

Chucky muerde cuando lo cojo en brazos, cuando lo pongo sobre mi regazo, cuando intento darle de comer en mi mano, cuando acerco su hociquillo a mi naricilla, cuando lo acuno cariñosamente para darle calorcito…

En definitiva, muerde siempre que hay alguna interacción humana. Y aprieta, ya lo creo que aprieta. Alguna vez hasta me ha dejado unos puntitos de sangre bajo unas marcas de dientes diminutos.

Pero no, claro…. si los cobayas no muerden…. pues es que estaré cegata y el mío será otro bicho, oiga, yo creo que un tigre enano o un lobo con piel de rata, vaya usted a saber.

cobaya con mala leche

"Er Chucky", el cobaya más chungo al sur del Besós

A favor de Chucky hay que decir que hemos notado una gran disminución en la frecuencia de sus mordiscos. Últimamente parece que está más tranquilo y lo podemos coger sin riesgos. En este sentido hemos leído que los cobayas, en el raro-rarísimo caso de que muerdan (¡ja! va a ser que nos ha tocado la china…), lo hacen sobre todo cuando son pequeños. Los nuestros tienen ahora alrededor de 6 meses por lo que ya no son unos bebés.

De todas formas tampoco es un drama aguantar algún que otro mordisquillo porque por lo general no hace daño. Sinceramente, lo peor de que te muerda es que sientes que tu mascota te aborrece y no quiere que le pongas la mano encima, pero si eres capaz de soportar esa presión psicológica por lo demás no pasa nada. Sin buscar explicaciones raras, se ve que nuestro Chucky no es un modelo de sociabilidad cobaya 😀

Lo que tiene más guasa es que una vez en la jaula Ogórki es claramente el que manda y arrincona al pobre Chucky cada vez que le da la gana. Quién lo iba a decir, las apariencias engañan hasta en los cobayas…

El cobaya Chucky defiende a Kuromi

Casitas para cobayas


No os molestéis en comprar juguetes para cobayas. Lo que de verdad les gusta a estos bichillos son los agujeros para guarecerse y también escurrirse por túneles y estrechas cavidades. Podéis estar seguros de que os van a agradecer cualquier artilugio que les haga las veces de túnel, pasadizo o casita. Y por supuesto no les importará si es de fabricación casera o lo habéis comprado en la tienda.

Casitas y túneles de fabricación casera

La reina en este caso es la tradicional casetilla de toda la vida, esa que todos hemos hecho alguna vez con una caja de zapatos puesta boca abajo. Nosotros ya les hicimos una a nuestros amigos cuando los llevamos de vacaciones este verano y estaban bien contentos. Para que les sirva también como túnel de juego les podéis abrir varias puertas en el cartón: dos, una en frente de la otra, o incluso cuatro, una en cada lateral. Ya veréis como no os dicen que no.

Casa para cobayas hecha con una caja de zapatos

Otra opción son los tubos de cartón que van dentro del papel de váter, del de aluminio, etc. A nosotros, esos en particular no nos han servido de mucho porque teníamos a los cobayas un poco creciditos para que cupieran por los tubos, que son bastante estrechos. Hay quien les hace un corte transversal y así se abren y dan más de sí, que también es buena idea.

Casa para cobayas hecha con una caja de PanettoneCon una hoja de periódico o un simple folio podéis probar lo más fácil y rápido. La dobláis en dos y apoyáis los bordes en el suelo. Y sin más esfuerzos ya tienen vuestros peludos una casita bien maja que seguramente acabarán lanzando por los aires, pisoteando y destrozando a dentelladas, ¡el colmo de la diversión para estos bichos! Qué más se puede pedir por semejante precio y esfuerzo 😛

Otra idea que tengo pero no he probado aún es usar un tupperware viejo en lugar de una caja de zapatos (o de esta tan colorida de Panettone que tenéis a la izquierda y que vuela por los aires con demasiada facilidad). Así tendrán una casa más resistente y seguramente bien abrigadita en invierno. La idea es la misma: ponerlo boca abajo y recortarle unas puertas. Supongo que para evitar que se corten con el borde habría que lijarlo un poco para que quede suave después de hacer las puertecillas.

A veces ni siquiera hace falta ponerles nada especial porque ya se montan ellos solitos su propio túnel. Por ejemplo, algo que les hemos visto hacer a nuestros cobayas es buscar un hueco por el que escurrirse debajo de la manta polar que tienen en el suelo y corretear con esta peinándoles el lomo como si fueran pequeños topillos, bultos sospechosos que se deslizan sin ser vistos en busca de un tesoro subterráneo… ahora que lo digo, les voy a poner unos trocillos de pimiento bajo la manta para que se entretengan buscándolos la próxima vez.

Casitas que venden en las tiendas de mascotas

Un clásico para cobayas es la casita o el túnel de hierba. Para explicaros cuánto les gusta lo mejor es que os enseñe cómo ha quedado la nuestra tras apenas tres meses de uso: destrozada. Sí, sí, se la han comido. Aunque antes de quedar así les ha dado mucho juego. Ha sido casita, túnel, colina sobre la que encaramarse, hamaca (le daban la vuelta fácilmente y parecía gustarles el resultado), comedero, WC,…. en fin, de todo ha hecho la casita de heno. Al final se la hemos quitado porque no queremos que se saquen un ojo con los trozos rígidos que han quedado medio sueltos tras el festín. O bueno, igual se los acabo de cortar yo misma y se la devuelvo, que creo que la echan de menos.

Así era la casita de heno cuando la compramos:

Casita de heno para cobayasY así es como las bestias peludas la han dejado en un abrir y cerrar de ojos:

casita de heno tras tres meses de uso

También hemos visto montones de casitas de madera en las tiendas, algunas muy sofisticadas (hasta demasiado diría) y con precios igualmente “sofisticados”. Las más complicadas suelen ser para hámsters o hurones, y es que los cobayas no son tan ágiles y es mejor ponérselo fácil. Si tuviera que elegir una para mis cobis sería como mucho de este estilo:

Casita para cobayas de madera (marca Trixie)

Casita para cobayas tipo iglú de plástico

Los que a mí de verdad me encantan son los iglús de plástico que he visto en Internet. Se puede decir que son la versión ‘pop’ del tupperware que os decía antes.

Este invierno mi idea es ponerles un par de estas casitas de plástico, ya sea en su versión pija-pop o en la casera, con un trapito dentro en el que puedan cobijarse. En nuestro piso hará un frío que pela en pocas semanas y seguro que los ‘cobayowski’ lo agradecen.

Ya os lo enseñaré, a ver si las usan o hay que volver a la casita de heno comestible que por lo que se ve es un valor seguro 😀

ACTUALIZACIÓN, 22 de octubre 2011

Finalmente hemos comprado dos casitas tipo iglú pero un poco diferentes a la que os enseñábamos. Como tienen también suelo son mucho más estables y no les dan la vuelta. Además, limpiarlas es muy fácil ya que se separan en dos. Con un trapo de cocina viejo las hemos hecho acogedoras y ahora casi siempre duermen en ellas (si queréis verlos durmiendo dentro, los tenéis en otro post).

Os dejo unas vistas de las casitas nada menos que “a pie de puerta” y con cobaya incluido:

casa de plástico para cobaya, de color verdeiglú de plástico para cobaya, color azul

ACTUALIZACIÓN, 27 de noviembre, 2011

La idea de ponerles unos trapitos dentro de las casetas podría haber sido buena si no fuera porque estos animales no discriminan en qué lugar hacen sus necesidades. Dicho esto, no es difícil imaginar el resultado: los trapos acabaron completamente mojados en un par de días, y llenos de residuos de difícil desincrustación (ni que decir tiene que a nadie le apetece meter algo así dentro de la lavadora, ni siquiera por separado).

La solución fue sacar los trapitos y sustituirlos por el tan socorrido papel de cocina. ¿El resultado? pues que sacaron el papel de las casitas para devorarlo fuera (es un hecho que les encanta comerse el papel) y dentro siguieron haciendo sus necesidades indiscriminadamente. La consecuencia directa fue cobayas rebozados en su propia orina y heces, sobre las que dormían plácidamente, eso sí. Por supuesto les costó un buen baño.

Como no nos rendimos, la siguiente alternativa (la actual y en fase de pruebas) ha sido ponerles lecho de papel reciclado dentro de las casetas. Estas ya no parecen tan confortables, al menos desde el punto de vista humano, aunque ahora pueden hacer sus cosas y el absorbente previene los charcos indeseados. Qué le vamos hacer si cobayas y humanos tenemos gustos dispares… Ahora, ellos siguen encantados con sus guaridas y las usan a base de bien 🙂

“El Cuy Mágico”, campaña de un banco con un cobaya de protagonista


Cuando empecé a escribir el blog sabía que un tema como los roedores podía llegar a dar mucho de sí, pero no me imaginaba que alcanzaría hasta para hablar de banca y tarjetas de crédito. Pues sí, no era previsible, pero así es.

Atónita me he quedado con esta campaña de publicidad del Banco de Crédito del Perú, BCP, que tiene como protagonista a un pedazo de cobaya gigante (cuy, que lo llaman allá).

Además de la pegadiza canción “El Cuy Mágico”, última novedad derivada de esta genial idea creativa, hay al menos tres spots diferentes en los que el cobaya aparece asesorando a pequeños empresarios. Mi favorito es este del taxi (fijaos en el detalle: los empresarios no reconocen al “Cuy Mágico” hasta que no se quita las gafas de sol, ¡es lo mejor! jajajja):

Buscando un poco más en YouTube he encontrado parodias de todo tipo, intervenciones del cuy en galas de televisión ligeramente lamentables y este reportaje del making-off de uno de los anuncios, en el que los publicistas creadores de la campaña explican los pormenores de la idea e incluso intervienen los acróbatas que visten el traje. Por si no acababais de entenderlo, en este reportaje todo queda muy claro:

Nada más que añadir, ojiplática me hallo. No puedo por más que dedicarles este post con todos sus vídeos a mis compañeros de trabajo, ¡va por ustedes! 😛

Actitud cobaya


Que los seres humanos somos animales es una cosa clara y asumida. Pero asumida solo de palabra, porque en realidad pocas veces somos conscientes de cuánto nos parecemos al resto de especies. Es ese estúpido homocentrismo que tenemos.

Observando a los cobayas, sin ir más lejos, es posible ver la misma esencia en nuestras propias actitudes.

El cobaya es un ser asustadizo, gregario, que se siente más seguro en manada y puede llegar a deprimirse estando solo. Sin embargo hay algunos que viven aislados del resto de su especie, y no parece importarles mientras tengan todas las comodidades. Son pocos (y en realidad no sabemos cómo están de la cabeza…).

Los cobayas son más simpáticos con quien les da lo que necesitan. Por ejemplo, cada mañana yo me levanto primero y voy a verlos, pero no me hacen ni caso. Sin embargo, en cuanto Patryk arrastra los pies por el pasillo ya se ponen a dar grititos como locos. Saben que es él quien les da de comer por las mañanas. A mí, a esas horas, ¡ni un triste cui-cui!

A los cobayas los paraliza el miedo. Ante una situación desconcertante se quedan inmóviles, no reaccionan, ni se mueven ni tratan de cambiarla. No se dan cuenta de que echar a correr es, a veces, mucho más útil. Eso sí, con el tiempo lo aprenden.

Y luego tenemos unas cuantas fotos que ilustran muy bien otras actitudes cobaya que también son más que humanas:

1. El cobaya se siente cómodo cuando quien lo sujeta mantiene todas sus patitas en contacto con la tierra. Digamos que tiene miedo a volar, o a caer, o a que lo suelten.

Cobaya abisinio tricolor

2. El cobaya se relaja cuando sabe que puede contar con un agujero donde meterse. Sólo sacará los bigotes fuera por si se pierde algo interesante y, quién sabe, debe volver a valorar si se queda dentro o sale.

cobaya en su casita de heno3. El cobaya es capaz de escalar lo que sea, ponerse a dos patas y competir ferozmente con sus propios compañeros por un brote verde que en realidad no necesita.

Dos cobayitas comiendo cilantro

4. El cobaya puede pasar, en un instante, de estar muy tranquilo mascando sus cosas a erizarse y protegerse ante la menor amenaza. Casi siempre figurada.

cobaya comiendo perejilcobaya comiendo con mala leche

5. El cobaya sabe que hay cosas muy difíciles de alcanzar, casi imposibles, y aún así no pierde la fe y desgasta su energía por un sueño. Mira hacia lo alto y se pregunta “¿por qué es tan difícil conseguir lo que quiero?” Pero sigue apuntando con el morro a su objetivo.

cobaya intentando alcanzar una rama de perejil

Ya veis, no es tan complicado entender a un cobaya.

El primer baño de Ogórki


Este vídeo que os enseño hoy es de hace unas semanas, del día que nos pusimos manos a la obra para bañar a nuestros cobayas por primera vez. Para ellos tuvo que ser una experiencia un tanto aterradora (tal y como se percibe en el vídeo, ¡pobre Ogórki!), ya que se asustan de todo lo que es nuevo. En cuanto a nosotros, lo hicimos con cariño y toda la delicadeza del mundo (y también me parece que queda muy claro….jajaja…casi no me reconozco hablándole a Ogórki mientras lo enjabono).

Mis amigos ya se han reído de lo lindo, así que lo comparto con cualquiera que quiera pasarse por aquí a ver cómo se baña un cobaya:

Bien, parece que bañar a los cobayas tiene sus detractores, aunque hemos leído que es saludable para protegerlos de ciertos ácaros que anidan en su pelo y que pueden coger del heno. Aunque estos ácaros no dañan al animal, no traen nada bueno y es mejor prevenirlos o, si ya los tienen, deshacerse de ellos. Para esto último se puede usar un champú anti-piojos o uno especial para perros con pulgas. Si no tienen nada sirve cualquier champú que nos valga a los humanos. Aún así, nosotros tenemos uno especial para roedores, cómo no… 😛

De todas formas, si vais en busca de unas buenas instrucciones para pasar a vuestras mascotas por la pila, mejor será que comparta un vídeo súper didáctico que he encontrado. De todos los que he visto (sí, han sido unos cuantos), me ha parecido el mejor y además es bastante entretenido:

Por otra parte, en los libros que tenemos también hablan sobre cómo lidiar con el baño del cobaya. Os dejamos un resumen de algunas de las recomendaciones que hacen Margaret Elward y Mette Ruelokke, autoras de “Guinea Piglopaedia“:

– No bañéis a los cobayas demasiado a menudo; hacedlo sólo ocasionalmente, cuando veáis que han perdido brillo en el pelo, lo tienen graso o se han ensuciado por cualquier motivo. Por supuesto, hay que bañarlos si detectamos que tienen ácaros en el pelaje.

– Si tenéis más de uno, bañadlos a todos el mismo día. No sólo para que no se ensucien unos con otros, sino para que no se extrañen del olor y se peleen (mejor prevenir…).

– Parece ser que los cobayas se encuentran más cómodos si el baño es algo profundo que si contiene poca agua (esto nos lo apuntamos nosotros para el próximo baño). Hay que introducirlos en el agua sujetándolos para que la cabecita quede fuera, luego ponerles el champú insistiendo bien en la tripa, alrededor de las patitas y debajo de la barbilla. Lógicamente evitaremos los ojos, pero no las orejas (los ácaros pueden vivir en la cera…).

– Después de aclararlos bien, se secan con una toalla e incluso se puede usar el secador, pero eso sí, sin pasarse con el aire caliente ni con la potencia.

– Después del baño es bueno aprovechar para cortarles las uñas, ya que estarán más blanditas y será mucho más fácil.

Sí, habéis leído bien el último punto: ¡¡¡hay que cortarles las uñas!!! Chucky y Ogórki son todavía jovencitos y no es necesario, pero ya os lo enseñaremos cuando toque, ¡estad seguros! 😀