Viajar con cobayas IV: ¡Ahora en coche!


Nos resistíamos, pero finalmente nos hemos comprado un coche con el afán de hacer de domingueros de manera asidua. Esto también significa que los viajes con cobayas ya no los haremos en tren, de lo cual nos alegramos porque el precio del billete para mascotas nos parecía un robo de Renfe.

Pues ya nos hemos estrenado con el primero de nuestros viajes con cobayas en el coche, y lo acabamos de hacer para las vacaciones de Navidad. No sólo ha ido la cosa de roedores, sino que además llevábamos a una amiga con su gato. Vamos, que más que un viaje ha sido un mini-safari doméstico 😛

Viaje en coche: tres humanos, dos cobayas y un gato

Dónde poner a los cobayas en el coche

Si como nosotros tenéis que viajar con vuestros roedores, seguramente estéis tentados de colocarlos en el asiento de atrás con su jaula habitual, algo no muy recomendable. Es mejor seguir usando un transportín ya que al tener menos espacio no corren el riesgo de salir disparados y golpearse contra algo en el caso de que deis un frenazo. Van más seguros aunque parezca que viajan apretujados.

Nosotros decidimos además llevar el transportín delante, entre las piernas del copiloto por dos razones: 1. de nuevo, en esta posición el transportín no se mueve en el caso de tener que hacer algún movimiento brusco. 2. con las piernas pegadas a la caja podía sentir si se peleaban, porque no las tenía todas conmigo dado el poco espacio que tenían mis dos bestias para compartir.

Por cierto, se me olvidaba deciros que si los lleváis aquí delante tengáis mucho cuidado con el aire de la calefacción que apunta a los pies. Si no, pues tendréis helado de cobaya o cobaya al gratén, según toque la estación. Si viajáis solos también podéis ponerlos atrás, pero en el suelo, para que la caja quede sujeta entre los asientos.

No sé yo si es muy aconsejable o no, pero reconozco que llevé un buen rato el transportín sobre las piernas para ir acariciando a mis Chucky y Ogórki, que como siempre iban un poco nerviosos debido a las circunstancias. Incluso los saqué un ratito de la caja… Digo que seguramente no es aconsejable porque si pasa cualquier cosa en ese momento el cobaya está desprotegido y se puede golpear, caerse, … en fin, que tiene las de perder. Claro que en tantas horas de viaje sacarlos y toquitearlos es demasiado tentador como para no hacerlo.

Preparativos para llevar a los cobayas en coche

Como ya os contamos cuando nos llevamos a los peludos en el tren, es importante que pongáis absorbente dentro del transportín. Valen unos papeles de cocina, por ejemplo. Si no, pues seguramente los sacaréis mojaditos al final del viaje porque no creo que se aguanten el pis durante las horas que dure…

Dos cobayas en un transportín

Esta vez los hemos tenido en el transportín más o menos 5 horas y han ido perfectamente. Además del papel de cocina, les pusimos un puñadito de comida seca y otro de heno. Sabemos que son demasiado tragones como para pasar de las viandas siquiera unas horas.

En cuanto al agua, para 4 ó 5 horas no les hace falta a no ser que haga mucho calor. En ese caso es mejor que intentéis que beban un poco.

¿Se llevaron bien el gato y los cobayas?

Yo creo que ni se enteraron de su existencia los unos del otro y viceversa, excepto al final, cuando decidimos presentarle al gato a uno de mis cobayas.. ¡y ninguno puso mala cara! Claro que durante las presentaciones no sacamos al gato de su caja para no correr riesgos tontos :S

Marta con su gato en el transportín

Marta iba en la parte de atrás del coche con su gato Luna, también en su transportín. Por cierto, Marta pone en el transportín de Luna un pedazo de pañal como absorbente, “por si acaso” y, como dice ella, “por si la lía” 😀 Es un pañal del tipo que se usa para adultos con incontinencia y también va bien para el transportín del gato. Seguramente sea más práctico que el que venden para cachorros, que apenas absorbe nada.

Otras fotos del viaje-safari

Nuestro viaje Barcelona-Calahorra fue muy tranquilo. Ogórki hasta estuvo tomando unos rayos de sol invernales la mar de a gusto y a Chucky conseguí ponerlo panza arriba por primera vez en su vida 😀

Os dejo unas fotillos variadas como resumen del safari:

Otros artículos sobre viajar con cobayas:

Viajar con cobayas III: Alojamiento en vacaciones

Viajar con cobayas II: ¡En el tren!

Viajar con cobayas I: Preparando el viaje

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¿Cuánto debe pesar un cobaya?


La evolución del peso de un cobaya es uno de los indicios más claros de cómo anda su salud. En general, un adulto puede oscilar entre 900 gr y 1,2 kg, aunque también depende de su raza y de su propia complexión. Se ve que en el pasado no era raro ver machos de 1,8 kg, pero ahora uno de 1,5 kg ya sería bastante excepcional.

Los cobayas crecen rápidamente hasta los 4-5 meses, y a partir de ese momento ya no se desarrollan a tanta velocidad. Sin embargo, hasta los 14-15 meses no se les considera adultos ya que siguen creciendo. A partir de esa edad su peso no debería cambiar demasiado y su tamaño rondaría entre 23 y 27 cm de largo.

Chucky en la báscula

Por qué controlarles el peso

Es muy recomendable controlar el peso de nuestros cobayas, ya que si este disminuye suele ser un indicio inconfundible de que el animal tiene un problema de salud. Por ejemplo, la falta de vitamina C es una de sus afecciones más comunes y uno de los síntomas es el adelgazamiento. Pesándolos con regularidad nos aseguraremos de detectar este tipo de síntomas antes de que sean demasiado evidentes. Así podremos reaccionar a tiempo llevándolos al veterinario lo antes posible.

Y al contrario, un cobaya que gana demasiado peso o que está gordo en exceso tampoco es un cobaya saludable. Si esto ocurre, tendremos que vigilar su dieta y no darle alimentos demasiado ricos en azúcar, como ciertas frutas, o bien limitar la cantidad de pienso decantándonos más por las verduras y el heno (sobre este tema tenéis más información en el post sobre alimentación que publicamos hace unos días). ¡Ah! y por supuesto, lo dejaremos correr libre más a menudo para que haga bien de ejercicio.

Una buena idea es ir anotando cuánto pesan y en qué fecha se ha recogido el dato. Si sois freaks del Excel incluso podéis entreteneros haciendo gráficos de su evolución.

Ogórki en la báscula

Cuánto pesan nuestros cobayas

A nuestros Chucky y Ogórki llevamos varias semanas controlándolos y no hay cambios significativos. Ogórki es visiblemente más grande que su hermano desde hace tiempo y alcanza exactamente 1,140 kg, mientras que Chucky está en unos 850 gr. La diferencia entre ellos es muy notable, pero ninguno ha perdido peso en el mes y pico que llevamos controlándolos. Cada uno habrá ganado unos 60 gr en este tiempo. Bueno, es posible que Ogórki un poco más… a este lo estamos vigilando, aunque es difícil si viven juntos y el problema de gordura lo tiene sólo uno. De momento no pensamos que sea necesario separarlos para darles distinta alimentación, pero ya lo veremos.

Sería interesante saber cuánto pesaban cuando los trajimos a casa, pero el caso es que lo desconocemos. La única referencia que tenemos es que, lo que antes parecía un espacio enorme para que pudieran correr, como el parque de paneles, ahora se queda muy pequeño para el tamaño que han alcanzado. Además, antes podía sostenerlos sin problemas uno en cada palma de mis manos, mientras que ahora necesito las dos y me sobra cobaya por todas partes si intento agarrar a Ogórki. Calculo que habrán duplicado el peso, como mínimo, en estos cinco meses que llevan con nosotros. Tendrán ahora 7 meses aproximadamente. No sabemos exactamente qué tiempo tenían cuando los adoptamos, pero calculamos que serían unos 2 meses porque es el tiempo mínimo recomendado para que abandonen su hogar de nacimiento.

Tipos de básculas

En cuanto a la balanza para pesarlos, nosotros tenemos una digital bastante fashion, pero os servirá cualquier báscula de cocina que sea apta para cantidades entre 400-500 gr hasta 2 kg. Seguro que incluso tenéis alguna por casa, ya que son habituales para medir cantidades en repostería y también cuando se hace dieta. Si es así, acordaos de lavar bien el cacharro donde apoyéis al cobaya después de usarlo 😉

Buscando un poco en Internet encontraréis muchos tipos de básculas de cocina que se pueden usar para pesar cobayas.

Si tenéis una báscula plana como la nuestra, podéis ponerle un recipiente encima para que no se os escape el granuja peludo. Sólo tenéis que acordaros de descontar el peso del recipiente para obtener el peso real del cobaya, y ya está.

Cómo pesar a un cobaya

Tenemos curiosidad… ¿qué edad tienen y cuánto pesan vuestros peludos? ¿Habéis notado cambios importantes en su peso? ¡A ver si nos contáis!

“El Cuy Mágico”, campaña de un banco con un cobaya de protagonista


Cuando empecé a escribir el blog sabía que un tema como los roedores podía llegar a dar mucho de sí, pero no me imaginaba que alcanzaría hasta para hablar de banca y tarjetas de crédito. Pues sí, no era previsible, pero así es.

Atónita me he quedado con esta campaña de publicidad del Banco de Crédito del Perú, BCP, que tiene como protagonista a un pedazo de cobaya gigante (cuy, que lo llaman allá).

Además de la pegadiza canción “El Cuy Mágico”, última novedad derivada de esta genial idea creativa, hay al menos tres spots diferentes en los que el cobaya aparece asesorando a pequeños empresarios. Mi favorito es este del taxi (fijaos en el detalle: los empresarios no reconocen al “Cuy Mágico” hasta que no se quita las gafas de sol, ¡es lo mejor! jajajja):

Buscando un poco más en YouTube he encontrado parodias de todo tipo, intervenciones del cuy en galas de televisión ligeramente lamentables y este reportaje del making-off de uno de los anuncios, en el que los publicistas creadores de la campaña explican los pormenores de la idea e incluso intervienen los acróbatas que visten el traje. Por si no acababais de entenderlo, en este reportaje todo queda muy claro:

Nada más que añadir, ojiplática me hallo. No puedo por más que dedicarles este post con todos sus vídeos a mis compañeros de trabajo, ¡va por ustedes! 😛

Actitud cobaya


Que los seres humanos somos animales es una cosa clara y asumida. Pero asumida solo de palabra, porque en realidad pocas veces somos conscientes de cuánto nos parecemos al resto de especies. Es ese estúpido homocentrismo que tenemos.

Observando a los cobayas, sin ir más lejos, es posible ver la misma esencia en nuestras propias actitudes.

El cobaya es un ser asustadizo, gregario, que se siente más seguro en manada y puede llegar a deprimirse estando solo. Sin embargo hay algunos que viven aislados del resto de su especie, y no parece importarles mientras tengan todas las comodidades. Son pocos (y en realidad no sabemos cómo están de la cabeza…).

Los cobayas son más simpáticos con quien les da lo que necesitan. Por ejemplo, cada mañana yo me levanto primero y voy a verlos, pero no me hacen ni caso. Sin embargo, en cuanto Patryk arrastra los pies por el pasillo ya se ponen a dar grititos como locos. Saben que es él quien les da de comer por las mañanas. A mí, a esas horas, ¡ni un triste cui-cui!

A los cobayas los paraliza el miedo. Ante una situación desconcertante se quedan inmóviles, no reaccionan, ni se mueven ni tratan de cambiarla. No se dan cuenta de que echar a correr es, a veces, mucho más útil. Eso sí, con el tiempo lo aprenden.

Y luego tenemos unas cuantas fotos que ilustran muy bien otras actitudes cobaya que también son más que humanas:

1. El cobaya se siente cómodo cuando quien lo sujeta mantiene todas sus patitas en contacto con la tierra. Digamos que tiene miedo a volar, o a caer, o a que lo suelten.

Cobaya abisinio tricolor

2. El cobaya se relaja cuando sabe que puede contar con un agujero donde meterse. Sólo sacará los bigotes fuera por si se pierde algo interesante y, quién sabe, debe volver a valorar si se queda dentro o sale.

cobaya en su casita de heno3. El cobaya es capaz de escalar lo que sea, ponerse a dos patas y competir ferozmente con sus propios compañeros por un brote verde que en realidad no necesita.

Dos cobayitas comiendo cilantro

4. El cobaya puede pasar, en un instante, de estar muy tranquilo mascando sus cosas a erizarse y protegerse ante la menor amenaza. Casi siempre figurada.

cobaya comiendo perejilcobaya comiendo con mala leche

5. El cobaya sabe que hay cosas muy difíciles de alcanzar, casi imposibles, y aún así no pierde la fe y desgasta su energía por un sueño. Mira hacia lo alto y se pregunta “¿por qué es tan difícil conseguir lo que quiero?” Pero sigue apuntando con el morro a su objetivo.

cobaya intentando alcanzar una rama de perejil

Ya veis, no es tan complicado entender a un cobaya.